ODS12: Arte contra el despilfarro

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El Objetivo de Desarrollo Sostenible 12 -Producción y consumo responsables- apunta directamente al corazón de nuestra sociedad: producción masiva, compra compulsiva de bienes y uso efímero de lo que se adquiere. La ONU avisa: si la población mundial llegase a alcanzar los 9600 millones en 2050, se necesitaría el equivalente de casi tres planetas para proporcionar los recursos naturales precisos para mantener el estilo de vida actual.

¿Seremos capaces de transformar nuestros hábitos de consumo en un tiempo récord? nuestra manera de alimentarnos, de vestirnos, de poseer cosas…El problema es complejo y ya no sirve sólo reciclar y reutilizar. Somos 7.444 millones de personas. Hay que reducir lo que se compra y se consume.

Cada vez más artistas contemporáneos claman contra este despilfarro a través de sus obras. Casi se podría decir que existe una corriente artística basada en el reciclaje y en la fotografía de desechos. Sin embargo, esto no es algo nuevo. El arte lleva “reciclando” desde hace un siglo. La idea de Marcel Duchamp de darle la vuelta a un urinario para convertirlo en una pieza de museo revolucionó el concepto de obra de arte en 1913. Desde entonces, numerosos objetos cotidianos han sido manipulados, ensamblados y modificados para ser elevados a la categoría de arte. La diferencia con lo que estos artistas realizan es el contenido: la obra se convierte en una reivindicación, en un mensaje que pretende hacernos reflexionar acerca de las consecuencias de este ciclo de producción y consumo ilimitado.

Henk Wildschut, Our daily bread, 2011

Expuesta en el Rijsmuseum de Amsterdam en 2014, la serie fotográfica Our daily bread (“El pan nuestro de cada día”) es fruto de una minuciosa investigación llevada a cabo por Wildschut. A lo largo de un año fotografió la producción de fruta, verdura, carne, leche, pescado y huevos en los Países Bajos. Para ello visitó desde gigantescas granjas orgánicas de pollos y cerdos a piscifactorías, empresas de semillas o laboratorios donde se diseña nuestra comida. En palabras del artista: “Pocos temas generan tanta discusión como el tema de la comida. Esta discusión está cada vez más marcada por la sospecha y el pesimismo sobre cómo se produce”.

La agricultura es hoy en día, el factor que más contribuye al cambio climático, incidiendo en todos los aspectos de la crisis medioambiental: emisión de gases de efecto invernadero a pérdida de la biodiversidad por los monocultivos o polución del agua y del aire.

Henk Wildschut, Our daily bread. Cortesía del artista

Henk Wildschut, Our daily bread. Cortesía del artista

Chris Jordan, Intolerable beauty, 2003-2005

Durante dos años, este artista estadounidense se embarcó en un viaje por los puertos y los polígonos industriales de su país donde “los detritus acumulados de nuestro consumo están expuestos como si fueran las capas erosionadas de las montañas del Gran Cañón”. Así, captura las toneladas de residuos tecnológicos que deja a su paso nuestra flamante revolución tecnológica: miles de cargadores de móviles, discos duros de ordenadores, coches apilados, teléfonos abandonados…el efecto acumulación es absolutamente perturbador para el espectador a pesar de que, como añade Jordan: “la inmensa escala de nuestro consumo puede parecer desolador o macabro, pero también extrañamente cómico e irónico. Posee incluso, una oscura belleza”. A diferencia de otros, su trabajo no juzga. Se limita a presentar de manera objetiva, casi documental la cara B de nuestros excesos.

La obra de este fotógrafo se convierte así en un poderoso clamor contra esta cadena de producción y consumo desaforada, a través de imágenes de una estética sofisticada que las convierten, como el propio título dice, en intolerablemente bellas.

Cell phone chargers, Atlanta 2004

Cell phone chargers, Atlanta 2004

The Garbage Patch State

Es en los años 80 cuando se habla por primera vez de la existencia de una “isla de basura” flotando en el océano Pacífico. En 2009 y 2011 se identifican dos más, una de ellas en el Atlántico y la noticia aparece en los medios. Esta basura que flota en nuestros océanos está compuesta de fragmentos de plástico que el calor del sol descompone en micropartículas muy difíciles de limpiar. Cada uno de ellos fue en su momento parte de uno de los miles de objetos de plástico que usamos en nuestro día a día. Vasos, juguetes, envases, bolsas…el plástico está tan integrado en lo cotidiano que se hace casi imposible vivir sin él.

En 2013, la artista italiana María Cristina Finucci decidió que esos más de 15 millones de kilómetros cuadrados que conformaban las islas de basura debían tener voz propia, una personalidad, para que no desaparecieran en el anonimato. Y creó un Estado ficticio: el Garbage Patch State, que presentó en la sede de la ONU en París en 2013. Su trabajo consiste desde entonces en realizar instalaciones alrededor del mundo con plástico desechado. Ese mismo plástico del que están formados los ciudadanos del Garbage Patch State.

Instalación Bienal de Venecia, 2013

Instalación Bienal de Venecia, 2013

Basurama

Basurama es un colectivo dedicado a la investigación, creación y producción cultural y medioambiental fundado en 2001 que ha centrado su área de estudio y actuación en los procesos productivos, la generación de desechos que éstos implican y las posibilidades creativas que suscitan estas coyunturas contemporáneas.

Lo cierto es que este grupo que nace en la Escuela de Arquitectura de Madrid ha contribuido a mucho más que eso: con sus instalaciones artísticas creadas a partir de residuos, ha dotado de una nueva dimensión al concepto de “basura” con resultados espectaculares y en la mayoría de los casos, bellísimos. Ha redefinido el espacio público y los parques infantiles a través de originales estructuras lúdicas hechas de materiales reciclados. Y por supuesto, le ha dado una segunda y maravillosa vida a toneladas de desechos.

En 2014 realizaron en Río de Janeiro el proyecto  Luxo é Lixo (Lujo es Basura), un homenaje al poema visual “Lixo/Luxo” de Augusto de Campos de 1964. Así, con la participación de vecinos y estudiantes universitarios y a partir de bolsas de plástico, crearon una colorida estructura de 7 metros de altura y 26 metros de largo con la palabra LUXO. Todo un símbolo del lujo y el despilfarro que supone actualmente, el uso indiscriminado del plástico.

Basurama, Luxo é Lixo, 2014. Cortesía de basurama.org ,CCBY-NC-SA 4.0

Basurama, Luxo é Lixo, 2014. Cortesía de basurama.org ,CCBY-NC-SA 4.0

 

 

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